Tengo más de dos semanas con múltiples actividades que
realizar y finalizar porque el trabajo que he elaborado como una hormiga ha
comenzado a generar sus frutos.
Incorporándome a una nueva sociedad, un nuevo país que me abrió
sus puertas hace 10 meses “Panama”. Comienzo a tener oportunidades en mis áreas
profesionales que requieren esfuerzo, dedicación y compromiso. Alianzas que van
saliendo, que son un regalo que me va brindando el universo por las buenas
relaciones y confianza de aquellas personas que me han ido conociendo.
Atenta al buen manejo de las Redes Sociales, Pagina Web,
Material que se expone al público, Talleres, Cursos, Sesiones de Coaching,
Nuevas Amistades….Uffff que llena me siento con todo lo que estoy viviendo!!!
Que alegría tan grande tengo de poder ver poco a poco como comienzo a concretar
y disfrutar mis sueños hechos realidad.
Mi núcleo familiar en estos momentos vive separado esperando el
momento para unirse en esta nueva historia de vida llamada “migrar”. Duermo a
mi hijo. Continúo trabajando en los
proyectos y oportunidades que tengo. Espero
un mensaje de mi esposo que se encuentra en otro país para saber que está bien.
Estoy agotada y el cansancio apenas me deja leer tres páginas del libro que
estoy leyendo ahora. Me quedo dormida.
En las mañanas con la ayuda de mi bella “Nana”, acomodamos
todo para que mi hijo asista a su guardería. Transcurre el día y al finalizar
la tarde busco a mi hijo, llego a la casa, sigo trabajando y mi hijo comienza a
comportarse extraño, agresivo y esquivo. Cuando me pide algo, le digo: “Cariño
estoy trabajando”. Baja la cabeza, su cara se entristece y se va a su cuarto a
entretenerse con lo primero que consigue. Estoy observando su reacción y sin
embargo sigo enfocada en producir para unir a mi familia.
Mi hijo tiene una semana en casa porque estuvo con gripe y
esperamos su recuperación. Le dije que bajaría al parque de la residencia acompañado
de la Nana. Mi hijo me dice con sus ojos bien abiertos: “Mama, tú también bajas?”.
Cierro todo y digo: “Siiiiiiii Bajare”. La alegría y euforia que tenía mi pequeño
hijo de casi tres años es algo que no puedo describir. Bajamos los tres y
estuvimos una hora y media en el parque. Al subir al apartamento mi hijo salió
corriendo en dirección a donde estábamos la Nana y yo gritando con sus brazos
abiertos y su hermosa sonrisa: “Abrazo de Familiaaaaaaaaaaaaa”. Los tres nos abrazamos en un gesto de amor.
Una frase que mi hijo dice cuando su padre está con nosotros porque se siente feliz cuando compartimos con él.
Hoy más que nunca he concientizado profundamente que “Los pequeños
detalles son los que marcan la diferencia”, “La calidad vale más que la cantidad”,
“Al final del día una buena familia debería
hacer todo olvidable. Mark V. Olsen. Y por último dejar un mensaje
familiar “Los esfuerzos son importantes cuando se toman decisiones y cambios
profundos, pero no deben dejar de un lado la familia que alimenta de amor todos
nuestros amaneceres”